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Nobuyoshi Araki, más allá del principio del placer

La galería milanesa Raffaello Giolli exhibe 25 fotografías de factura reciente del artista nipón que introdujo el bondage en Occidente.

Publicado: 21/07/2013

Considerado el mejor fotógrafo japonés, Nobuyoshi Araki (Tokio, 1940), también poeta, ha sabido convivir a lo largo de su carrera artística con las acusaciones que le ha lanzado el sector feminista. Tachado de monstruo inmoral, misógino o pervertido, atesora en su obra valores y técnicas tradicionales que se remontan a la época del viejo Edo. El Kinbaku-bi ('la belleza de la unión estrecha') o el arte del bondage es el responsable de tanta controversia y censura. Pese a los escándalos, su estilo erótico se ha popularizando en Occidente durante el último lustro para instalarse como una moda contagiosa, de la que desean participar numerosas celebridades. Las representaciones clásicas de mujeres hermosas, Bijin-ga, atadas con varias piezas de cuerda, a menudo seda, se ha convertido en un reclamo, al que ha sucumbido Björk o Lady Gaga. Sin obviar el guiño que le dedica Primal Scream a este peculiar genio en el vídeo clip '2013' (dirigido por la sevillana Rei Nadal). También para las galerías más atrevidas es un honor incluirlo en sus exposiciones temporales, caso de la milanesa Raffaello Giolli, que, centrada en la producción contemporánea y al vídeo-arte, exhibe, hasta el 27 de julio, una selección de 25 fotografías de factura reciente.

“Una fotografía roba parte de tu alma”. Con este creencia asiática, Araki eleva su actividad a un arte de esencias, que, desde una mirada al pasado, aprehende las emociones, la elegancia y la actitud japonesa para plasmar la exuberante estética de geisha y desmontar así el decoro social cultivado durante siglos. Sin perder el contacto con su lado obsceno, el consuelo en el arte, inscrito en la metafísica del artista, que enlaza con la relación entre arte y vida propuesta por Nietzsche, fascina a este creador de 'estampas del mundo flotante', que plantea sus instantáneas como “un viaje hacia la muerte”. Según sus modelos, las sesiones, tan agotadoras como una clase de artes marciales, resultan purificadoras. “Un vacío existencial se apodera de tu alma; alcanzas una experiencia mística a medida que dispara el flash”. La obra del nawashi (artista de cuerdas) oscila entre dos mundos: el de los rostros translúcidos de sus musas, que expresan el pathos; y el que explicita la visión del Hades, capaz de transmitir la idea de “estar cruzando la Laguna Estigia”. Mediante la imaginería de la servidumbre, retrata un complejo entramado relacional de placer y dolor que habría hecho las delicias del último Freud.

El éxtasis y la tristeza

Cuando el nipón aparece en escena con su cámara y abre la puerta de su imaginación, diseña el camino que transita de la autodestrucción al masoquismo para que el sujeto (fotografiado) experimente una trasformación y se adentre en un más allá físico y psíquico, donde la satisfacción libidinosa sólo se puede entender como fruto de la tensión del placer en el displacer. Su filosofía, incomprendida por grupos feministas, especialmente norteamericanos, a los que Araki acusa de “caer en posturas conservadoras en su defensa de la mujer”, mientras presume de “ volver locas a las chicas”. Además, cuenta con respaldo museístico (institucional), y es reivindicado por divas post-modernas. “Algunas mujeres se sienten cómodas viviendo al límite, y eso hay que respetarlo”, comentó Björk en apoyo del artista, asegurando que “es muy educado y solo hace lo que sus modelos desean”.

Desde una excentricidad mágica, haciendo de la fantasía una realidad, capta conceptos como la pulsión de muerte gracias a la manipulación espacial y lumínica, y a un acervo milenario que conecta con el misterioso equilibrio de belleza y violencia de las primeras manifestaciones del bondage en los grabados shunga (eróticos) del Ukiyo-e a finales del periodo Tokugawa. Aunque asociado a técnicas castrenses en las que se empleaba cable para reducir a una persona (conocidas como Nawajutsu, eran métodos de lucha exclusivos de la cultura japonesa que se aprendían en escuelas durante una larga formación), Seiu Ito (1882- 1961), considerado el padre del moderno Kinbaku, llevó esta temática a un terreno más caliente, encandilado por la exactitud de la inversión suspendida de Tsukioka Yoshitoshi en 'La casa solitaria'. Antes ya había probado Kitagawa Utamaro (1753 -1806) en sus magistrales composiciones Bijin-ga. Pero el antecedente unánime es 'El sueño de la mujer del pescador' (1814), de Katsushika Hokusai, donde aparece una mujer entrelazada sexualmente con dos pulpos (en los ochenta, el serial de anime 'Urotsukidiji' homenajearía el 'tentacle rape', género que también surgió a partir de esta 'imagen de primavera').

Para la crítica, la grandeza de Araki, que ha publicado más de 350 libros, reside en la actualización del tradicional shunga para crear un neo-kinbaku. Entre sus seguidores incondicionales, la editorial Taschen, que incluye en su catálogo dos ediciones limitadas diseñadas por expertos para coleccionistas.

María José López

'The Lonely House on Adachi Moor' (Yoshitoshi, 1885)

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