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'Rupture' de Steven Shainberg

Steven Shainberg es uno de esos directores a los que les cuesta decidirse por cuál será su nuevo proyecto.

Publicado: 09/11/2016

Ha tardado diez años en firmar una película desde aquel biopic sobre Diane Arbus y ya hace catorce de aquel genial relato erótico titulado 'Secretary', por el cual ganó un premio en Sundance 2002. Ahora el director vuelve con 'Rupture', coescribiendo por primera vez un film (junto con Brian Nelson), para secuestrarnos por una misteriosa organización en la que veremos a una Noomi Rapace luchando por escapar de ella.

Este thriller de ciencia ficción es una inverosímil cinta que transcurre dentro de un insano ambiente que convive entre tonos lilas, rojos y amarillos, donde una secreta corporación rapta a seres humanos para realizarles una serie de investigaciones. Su ritmo progresivo, y un disipado 'Hostel' de Eli Roth, nos mantendrán atados de pies y manos para descubrir cuáles son los propósitos que tienen pensados para Reene (Rapace). Nuestra protagonista será un conejillo de indias al que le olerán su piel constantemente con sutiles pruebas, y así confirmarles que está cerca de la denominada 'ruptura'.

El cierre automático de las celdas estará marcado por tres golpes disonantes que oxidarán nuestra percepción de la organización y la idea que nos están narrando. Las escapatorias ilusorias de Reene, dentro de esta colmena industrial de avanzada tecnología, carecerán de intensidad, descubriéndonos unos ambiguos agentes de apariencia peligrosa. En los largos caminos por los conductos de ventilación iremos comprobando unas templadas imágenes que reafirmarán algunas de nuestras remotas teorías, momento en el que comenzaremos a desechar nuestras ideas preconcebidas de aquel lugar.

'Rupture' es un estrambótico guión que el director defenderá dándole imagen y movimiento a un extraño proceso, donde los espectadores se quedarán atónitos con tal resolución. Pero su progreso contiene cierta debilidad llamada escepticismo. La organización argumenta unos fines tan alejados de nuestra realidad que hace que lo veamos como la ficción que es, alejándonos de la pantalla y de la propia protagonista. La corta presentación de Reene y su entorno no ayudan a que nos involucremos en su vida, ni que empaticemos con ella cuando la veamos bajo los tenues focos de su celda, ni tan siquiera en esos temerosos estudios a los que es sometida. Perdemos interés en el momento en que ese cúter cae y queda en el olvido (como muy posiblemente también nos ocurra con esta cinta), perdiendo la acción que habíamos interpretado. Porque, a fin de cuentas, nosotros somos humanos, y nuestro código genético está diseñado para que podamos comprender empatizando, trasportando esas sensaciones a nuestra realidad de acción-reacción.

Alicia Escribano

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