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Sitges 2016: 'Blair witch' de Adam Wingard

Adam Wingard quería rodar la secuela de 'The Blair witch project' aun sabiendo que no era tarea fácil. La mitología que se creó a raíz de este primer found footage de terror era un gran tronco que tenía que mover para poder realizarla.

Publicado: 03/11/2016

Era consciente de la dificultad que conllevaba, y sabía que ese poder oculto entre los árboles no era fácil de gestionar y presentar nuevamente en la cartelera. Prediciendo esta repercusión en la crítica, decidió rodar la película con otro nombre, 'The woods'. De este modo, Wingard pudo rodarla con total secreto y tranquilidad sabiendo que la caza de brujas no comenzaría hasta que el titulo fuera cambiado y anunciado, el inicio de su estrategia publicitaria.

En cuanto las ramas fueron apartadas, la reacción de la crítica y el hype aparecieron de entre los árboles, proclamándose como una de las cintas de terror más esperadas de este año. Ángel Sala, director del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, comentó en la presentación de la 49º edición de su certamen que los quince últimos minutos de 'Blair witch' serían los más terroríficos que veríamos en el festival. Estas palabras causaron que el público comenzara a tener grandes expectativas con la película, deseando ver ese final tan terrorífico que tanto se estaba comentando. Por otra parte, las críticas que se estaban esparciendo por Estados Unidos no estaban siendo muy positivas, y esta diferencia de opiniones causaba mayor inquietud, aun temiéndose lo peor.

'The Blair witch project' contaba la historia de tres jóvenes que desaparecieron en 1994 en el bosque de Black Hills de Maryland. Rodaban un reportaje sobre la bruja de Blair, entrevistando a lugareños, recabando información y documentándolo todo en video, hasta que llegó un momento en el que fueron abducidos por una misteriosa fuerza sobrenatural escondida entre los árboles.

La secuela retoma esta historia con el hermano de Heather. James querrá buscar a su hermana desaparecida junto a unos amigos y un par de aldeanos, convencido de que la encontrará en aquella zona. Aquí volveremos a contemplar el bosque en toda su profundidad, desvelando nuestro negro sueño a altas horas de la madrugada y descubriéndonos esas ramas secas colgantes que tanto nos gustaban. Nos hará salir de nuestra tienda de campaña, y nos hará disfrutar de esos montones de piedras que recordábamos con tanto cariño. Todo estará donde lo dejamos.

La fuerte lluvia presagiará ese ansiado final, mostrándonos aquello que tanto nos aterrorizó en su primera parte. Extenderá su metraje y su angustia, mostrándonos aquellos huecos que sabiamente intuíamos y paladeábamos en nuestras visiones mentales. Y es que Adam, excavará pudorosamente esa tierra para mostrarnos algunas nuevas raíces de la bruja de Blair que quizás no deseábamos ver. El terror que se mostraba anteriormente era visualmente inexistente. La ansiedad provenía del desconocimiento, de los inexplicables sucesos que brotaban del frondoso bosque. Y uno de los mayores errores que contiene esta secuela es darle forma e imagen a los hechos, fertilizando ese terreno con fáciles representaciones y detallándolo. Creando un producto reciclable y alejándose de la adoración al culto.

Aun así, Wingard logra situarnos en ese bosque de Maryland en la actualidad, aportando toda la tecnología que usamos a diario y que hoy conocemos, dotando a su película con el realismo que los espectadores demandan. La utilización de la primera persona era esencial para volver adentrarnos en el bosque. Aquí el fuerte viento agitará los árboles, esparciendo las gotas de lluvia hasta las cámaras. Volveremos a seguir sus andanzas con dispositivos de vídeo, pero esta vez colocados en sus orejas, agilizando de esta manera el ritmo de la narración. Y aunque el dichoso mapa haya sido reemplazado por el GPS, sabemos que de poco servirá bajo la omnipresencia de la bruja, pero toda esta tecnología era completamente necesaria para recrearlo en nuestros días. Y cabe decir que la vista que conseguirá avistar el drone será una de las imágenes más sutiles e impactantes, algo que nos hará recordar ese terror invisible de su antecesora.

Porque esta cinta contiene algunos aciertos, como algunos de esos detalles que representan esos fenómenos paranormales y describen al ente del retorcido bosque. La oscura noche de hoja perenne nos traslada a unas tinieblas interminables, sin posibilidad de escapatoria entre la espesura de las ramas, creando una desorientación temporal a nuestros protagonistas. Una noche que nos recuerda a ese cielo poseído que creó Sam Raimi allá por el 1981 para 'Evil dead', y que aquí formará parte de una potente energía capaz de romper cuerpos sin previo aviso.

Es posible que esta película tampoco llegue a considerarse la digna secuela de 'The Blair witch project' y simplemente se hable de ella en un futuro como un remake oculto entre las paredes. Pero lo que sí podemos decir es que Adam Wingard ha conseguido colocarnos en un rincón mirando hacia la pared, y hemos permanecido en esa posición hasta que hemos sido golpeados por algo que ya esperábamos (y ansiábamos). No confiábamos a estas alturas en una secuela, pero en cuanto supimos de ella comenzamos a sentirnos impacientes al intuir su presencia. Sencillamente nos quedamos inmóviles, esperando el momento indicado para poder girarnos y mirar a la bruja a la cara, y por fin ver lo que no queremos ver.

Alicia Escribano

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