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Guy Maddin invoca a los fantasmas del celuloide primitivo en el Centro Pompidou

El Centro Nacional de Arte y Cultura de París acogió el pasado año el atípico rodaje del último trabajo del cineasta canadiense, actualmente en postproducción con vistas a la temporada de festivales.

Publicado: 16/04/2013

El eclecticismo cinematográfico del canadiense Guy Maddin se despliega desde la nostalgia por la estética de la edad dorada del cine alemán, la entrañable escenificación del drama en el clásico mudo y el montaje ideológico cultivado por los popes soviéticos para arraigar en una rabiosa contemporaneidad. Su pasión por recrear los primeros ensayos fílmicos o la conexión de su producción con el psicoanálisis, explorando territorios inéditos del subconsciente que lo sitúan en la experimentación lynchiana, son las señas de identidad de un artista único. Con este mismo ánimo invoca en su último proyecto 'Spiritismes' a los fantasmas de las grandes películas perdidas de la historia del cine. “Siempre he considerado que una cinta desaparecida es una narración sin una morada donde reposar eternamente, condenada a vagar triste y miserablemente por el paisaje olvidado de la historia”, explicaba el artífice de 'Dracula, pages from a virgin's diary' en el Centro Pompidou de París, lugar elegido para homenajear a films ilocalizables de maestros del séptimo arte, reconociendo que “más del ochenta por ciento de las cintas mudas se han perdido y esta ausencia me persigue”.

Bajo el título 'sesiones de cine espiritista teatral', el cineasta se propuso filmar cada día en formato corto una pieza conmemorativa de autores como Erich Von Stroheim ('Poto-Poto'), Mikio Naruse ('The Strength of a Moustache', 1931, Japón), Kenji Mizoguchi ('Resurrection of Love', 1923, Japón), Ernst Lubitsch ('Rausch', 1919, Alemania), Jean Vigo ('Lines of the hand', Francia), Aleksandr Dovzhenko ('Over Barbed Wire', Unión Soviética) o Lottie Lyell ('Blue Mountains Mystery', 1921, Australia), cuyas obras re-imagina con una narrativa propia. “No son ni reproducciones ni imitaciones de aquellas película”, confesaba el canadiense, mientras advertía que no está capacitado para ello, puesto que “se trata simplemente de rendirles tributo”. Además, a modo de 'performance', invitaba a los visitantes del Pompidou a asistir como audiencia de estas puestas en escena fantasmagóricas con la intención de conjurar a las almas errantes en los sótanos del museo de arte.

El proyecto, que adopta la forma de una instalación artística con un componente online, utiliza como materia prima cien cortometrajes que Maddin recombinará a través de un proceso automático y mecánico que entronca con el arte aleatorio (un planteamiento similar al que Lars Von Trier empleó en 'El jefe de todo esto'). En el rodaje, que pudo seguirse en Internet gracias a un streaming en directo, los actores y el equipo participaron en unas singulares sesiones ocultistas en las que Maddin evocaba al “espectro de un fotograma perdido para que poseyese a alguno de los presentes”.

Ectoplasma a 24 fotogramas por segundo

“Mis actores entran en un profundo trance, y se disponen para ser abducidos por el ectoplasma atormentado de un negativo extraviado. Ellos danzan en coreografías silenciosas que alguna vez disfrutaron millones de espectadores ante grandes pantallas luminosas”. Intérpretes de la talla de Udo Kier, Charlotte Rampling, Mathieu Amalric, Géraldine Chaplin, Mathieu Demy, Labed Ariane, Maria de Medeiros o Jacques Nolot, revivirán a viejas glorias del celuloide.

La oscura belleza de lo fantástico y lo primigenio, que reconduce las vías interpretativas de la no ficción (caso de 'My Winnipeg'), ha servido al autor para reinventar la autobiografía expresionista en el siglo XXI. Miedos, temores y carencias se instalan de nuevo en 'Spiritismes', que insiste en el exorcismo biográfico a través de indagaciones fílmicas paranormales. “Este trabajo lleva rondándome la cabeza desde hace veinte años. Durante todo este tiempo lo he llevado en mi corazón. Películas hermosas, populares, elevadas a la categoría de mito por millones de espectadores, y, sin embargo, han desaparecido”, apuntillaba el creador de 'The saddest music of the world', ya que “algunas fueron destruidas por los estudios únicamente porque necesitaban estantes. Otras reducidas a polvo por su mal estado de conservación; o, simplemente, fueron pasto de las llamas en un accidente durante la proyección”. Actualmente en postproducción, apunta al Festival de Toronto aunque algunas quinielas la sitúan en Cannes, quizás en la Quincena de los Realizadores.

María José López

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