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'The wind rises', los sueños hermosos también son contradictorios

La película que podría suponer la despedida de Hayao Miyazaki comparte el favor del público del Zinemaldia con el último trabajo de Kore-eda.

Publicado: 25/09/2013

Quizás los aviones "no estén destinados a la guerra, ni deben entenderse como fuente de beneficio económico, porque son sueños preciosos que los ingenieros hacen realidad", tal y como el célebre Giovanni Battista Caproni confiesa al joven Jiro Horikoshi en uno de los deliciosos pasajes oníricos que trufan el metraje de 'The wind rises', el primer trabajo de Hayao Miyazaki tras cuatro años de ausencia. Pero, en ocasiones, las quimeras de la humanidad se tornan en pesadilla, en un ideal maldito envenenado por la sinrazón y la crueldad humana (genial es su retrato de la jerarquía castrense, figuras despersonalizadas que ríen esperpénticamente al unísono).

De ahí que el japonés, a pesar de no incidir en el destino de los Zero Fighters diseñados por Mitsubishi para la Armada Imperial durante la Segunda Guerra Mundial (los mismos que emplearon en el bombardeo de Pearl Harbor), se afane en subrayar que "los aviones de batalla nunca regresan”. A ojos de fundador de los estudios Ghibili, el sueño se convierte en una “tierra de muertos", una terrible contradicción que el espléndido prólogo en duermevela de la cinta avanza como si de una terrible profecía se tratase.

Dotada de un halo de fatalidad y romanticismo trágico ("me marcho para que me recuerdes siempre hermosa", escribe la esposa de Jiro en una nota de despedida), el filme, que ensalza el valor de la creatividad y el ego bien medido mientras enfrenta la posibilidad de amar y la pasión por el trabajo, no sólo tantea el valor de anticipar el futuro (lo que mueve el mundo), sino la necesidad de "seguir viviendo" cuando aquello que nos rodea y soporta se desmorona. A fin de cuentas, el viento, asegura el director de 'El viaje de Chihiro', "siempre volverá a elevarse".

Por el camino, haciendo gala de su habitual fantasía y su brillante dominio de las emociones, Miyazaki se permite citas cultas (a Schubert, Valéry y el Thomas Mann de 'La montaña mágica'), deslumbrando como narrador (todo el capítulo del terremoto de Tokyo) o resultando terriblemente irónico (la sugerencia de Jiro, que pretende retirar las armas de los aviones para eliminar peso en los aparatos, ante las carcajadas de sus compañeros).

DL

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