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El último adiós de Barricada

La mítica banda se despedirá de sus fans a lo grande en el polideportivo pamplonés Anaitasuna el próximo 23 de noviembre.

Publicado: 02/10/2013

Kutxi Romero, cantante de Marea, afirmaba con gratitud y devoción que “el que no quiere a los Barricada, no quiere a su madre”. Y, en cierto sentido, la veterana formación pamplonesa acaba de dejar huérfana a su legión de seguidores. Tras 31 años de carrera, 24 álbumes editados (entre recopilatorios, directos y trabajos de estudio) y un disco de diamante bien merecido gracias al millón de copias vendidas, aquella banda que nació en la barriada obrera de La Chantrea, allá por 1982, dice adiós. Lo harán a lo grande, por supuesto, con un concierto de despedida el 23 de noviembre en el polideportivo Anaitasuna, mítico recinto de la capital navarra que terminó convirtiéndose en escenario fetiche de sus grandes recitales.

Los rumores sobre su posible separación saltaron a la prensa y las redes sociales cuando días atrás algunos medios aragoneses publicaron que, en el marco de su actuación en la Expo de Zaragoza del próximo 9 de octubre, anunciarían su definitiva disolución. En realidad, la crónica de una muerte anunciada desde que Enrique Villareal, popularmente conocido como El Drogas, abandonó el grupo a finales de 2011. Desde entonces continuaron en la carretera Javier Hernández 'Boni', Alfredo Piedrafita, Ibon Sagarna 'Ibi' y el zarauztarra Ander Izeta, al que ficharon como bajista tras la salida de su carismático 'frontman' para grabar 'Flechas cardinales', el que pasará a la posteridad como su último lanzamiento.

La determinación de Boni de emprender un nuevo proyecto por cuenta propia habría precipitado los acontecimientos. En la nota remitida a los medios, el guitarrista y último cantante del combo quiso asegurar que Barricada “nunca dejará de existir, porque el rocanrol tiene la virtud de no evaporarse y deja huellas imborrables”.

Poesía urbana y combativa

La trascendencia de Barricada en la historia del rock urbano en España está fuera de toda duda, especialmente cuando varias generaciones de herederos de su sonido, caso de Extremoduro, nunca han dejado de reivindicar su legado. Siempre parecieron una cuadrilla de amigos del barrio, a los que gustaba dotar a sus canciones de poesía subversiva, crudo realismo y denuncia política, si bien nunca coquetearon con el nacionalismo vasco.

Con la voz de El Drogas como rasgo identificativo, vivieron su periodo más fructífero y exitoso a principios de la década de los noventa, cuando 'Por instintos' y 'Balas blancas' lograron sendos discos de platino, y temas como 'Oveja negra' o 'No hay tregua' pasaron a engrosar la lista de clásicos instantáneos de una escena ajena a las radiofórmulas.

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