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Cannes 2010: "Biutiful"

Alejandro González Iñarritu, el director de “21 gramos” y “Amores perros”, presentó su último trabajo en Cannes, “Biutiful”, una película de autoría mexicana en la que ha colaborado TVE y Televisión de Cataluña. Un título que le ha servido al actor español Javier Bardem para alzarse con el premio a la mejor interpretación masculina ex-aequo con Elio Germano (cabeza visible de “La nostra vita” de Daniele Luchetti).

Publicado: 31/05/2010

“Biutiful” es el primer film de Iñárritu en el que no colabora Guillermo Arriaga, el que hasta ahora había sido su guionista habitual. También, por vez primera, el cineasta no nos sorprende con una narrativa desestructurada, tal y como nos tenía acostumbrados, sino que, por el contrario, el metraje se desenvuelve como ficción lineal. En el plano formal, encontramos más contención que en títulos anteriores, más quietud y menos caos, pero, por otro lado, su déficit creativo es cuanto menos significativo.

Sin embargo, Inárritu insiste en su singular visión de un mundo desolador y persiste en la tragedia social, pero siembre buscando espacios y abriendo vías redentoras mediante las cuales se les brinda a los personajes la posibilidad de expiación . La novedad con respecto al resto de su cinematografía es la inclusión de elementos sobrenaturales, los cuales adquirirán bastante peso en la resolución final. En esa línea, no prescinde de cierta vocación alegórica, con referencias constantes a la muerte, caso de las mariposas (la “papalot” azteca), encargadas, según la mitología prehispánica, de transportar las almas al “otro mundo”.

En “Biutiful”, El Raval de Barcelona aparece como una especie de limbo despiadado en el que la moralidad se vive a tiempos discontinuos y los negocios se mueven al compás de los intereses de los más fuertes. La ciudad que plasma es cruel e inhumana. Sobrevivir en sus calles no es en absoluto sencillo,  y el hombre se convierte en un lobo para sí mismo, en el más puro sentido hobbesiano . Así es como retrata el cineasta los conflictos sociales y los dramas humanos que muchas veces no se reducen más que a desigualdades de clases. La Barcelona de Iñárritu es un antro de delincuencia y corrupción, una postal urbana que no encarna precisamente los aspectos más positivos y nobles del mestizaje.

Uxbal, el personaje que interpreta Javier Bardem, transita entre la deshonestidad y el deseo de no perder del todo su humanidad. Enfermo de cáncer, se debate entre la vida y la muerte, mientras su ex-mujer, disfuncional y alcohólica, debe hacerse cargo de sus dos hijos. Toda una trama de criminalidad y explotación de chinos y senegaleses es el único sustento para que su familia pueda subsistir. Pero cuando intentamos adentrarnos en los aspectos psicológicos del rol devienen algunas dificultades, pues son pocas las pistas que nos ofrece el guión para captar la naturaleza de un personaje totalmente opaco y del que sabemos más bien poco. Desconocemos su trayectoria, sólo nos presentan un momento de la vida de un hombre, un instante. En cualquier caso, una actuación magnífica y entregada por parte del intérprete español que sin lugar a dudas ha crecido en su profesión papel tras papel. Y es que el reconocimiento como mejor actor en Cannes al oscarizado secundario de “No es país para viejos” no ha sido circunstancial, merecido el premio por haber sido un perfecto conductor de un melodrama determinista.

María José López

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