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Cannes 2010: "Un Poison Violent"

Proyecta “Un poison violent” una incesante sensación de deja vu, con su ritmo cadencioso y sus interpretaciones espontáneas, con esos breves retazos preñados de lirismo (ninguno sorprendente: una mirada que se pierde en el crepúsculo, una piedra de los sacrificios en mitad de un cortejo sexual…), con su tenaz voluntad por querer ser trascendente en cada plano, tratándose de hacerse un hueco en una tipología cinematográfica a todas luces trufada por la pretensión —con éxito relativo—, destacando, por encima de todo, en la construcción narrativa de un guión asaz empeñado en poner en continua oposición sus numerosos contrastes.

Publicado: 16/06/2010

Cine de autor de vocación prefabricada, “Un poison violent” nos presenta a una adolescente que, en su tránsito hacia la edad adulta, se ve asaltada por un sinfín de dudas existenciales (sus incipientes escarceos con la muerte), familiares (con sus padres envueltos en un decadente proceso de separación), afectivas (con su primer amor esperándole al otro lado de la esquina) y religiosas (con la Fe y la salud espiritual como principales epítomes) en la semana previa de su Confirmación como acolita seguidora de la Iglesia Católica, mientras pasa unos días de obligadas vacaciones en una población rural bretona.

La joven directora francesa Katell Quillévéré entreteje su obra sobre una estructura narrativa consistente en mezclar diferentes situaciones contrapuestas: la hija adolescente, acechada por un primer brote de amor (aunque seminal) frente a la madre que lamenta cada noche el fin de su relación afectiva; la joven que se muestra en toda su vitalidad frente al anciano que espera, en su cama, su próxima muerte; la mujer madura que no sabe ver lo que tiene delante frente a aquel joven sacerdote que sí que sabe lo que ve pero no se atreve a atraparlo, celoso de traicionar a aquello por lo que hipotecó el resto de su existencia… Todos los personajes coinciden, en estas mismas fechas, en un momento clave de sus vidas, ya sea porque sufran un drástico problema de fe o porque tengan sus hormonas en plena ebullición. Lo cierto es que unos y otros van a afrontar las servidumbres devotas, morales o amorosas que protagonizan de un modo diferente. La más joven además se encuentra con una dicotomía emocional que pone en duda no ya los postulados de su credo, como continuamente se empeña en subrayar (de diversas formas) la directora, sino la propia salubridad de su entorno familiar, de repente, violentado por la irrupción de una crisis que la propia protagonista comienza a entrever inexorable durante un desayuno donde las discusiones ponen a cada uno en su sitio…

Viaje iniciático al interior de uno mismo, pues, con la (muy cinematográfica e idealizada) edad del pavo como recurrente nutriente conceptual, “Un poison violent” ofrece, tirando de libreto, un lacónico retrato sobre el despertar sexual, la crisis de Fe y la inexorabilidad de la existencia, con un encorsetamiento formal solo compensado por una serie de incisos musicales (unos más afortunados que otros) que pretenden convertir la historia de esta adolescente repleta de incertidumbres en un relato nostálgico-generacional de indudables resonancias cómplices (y potencialmente autobiográficas).

Mientras todos y cada uno de los personajes mutan su status quo, el fin de la inocencia adquiere una forma tangible. La alegría y la frustración, esto lo aprenden todos a una edad pre-adolescente, se separan entre sí solo por pequeños matices. La felicidad, aquí es donde el argumento torna a dogmático, solo tiene sentido al borde de la emancipación (espiritual, afectiva o profesional); lo cuenta, Katell Quillévéré, con inmensos subrayados, jóvenes actrices con exceso de naturalidad, personajes adultos al borde del abismo, desmayos extemporáneos de carácter redundante, discursos religiosos sobre la carne y el espíritu ornamentados con música sacra, y con un primer plano último de clara ascendencia liberadora. Elecciones formales y dramáticas, de nula vocación riesgosa, que construyen, sin embargo, un retrato adolescente simbólicamente existencial, singularmente preciso, finalmente descarnado.

J. P. Bango

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Fernando en 09/02/2013

Me pareció una película hermosa.

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