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Cannes 2010: "Between two worlds"

Imágenes (solo) aparentemente inconexas servidas en diferentes planos, con profusión de colores y gran soporte auditivo (tanto relativo al score como a los numerosos efectos de sonido que ornamentan toda la narración); un denodado tesón por negar al relato narrado una mínima intención de linealidad (el presente del protagonista a veces se ve interrumpido por secuencias que pertenecen al pasado o al futuro) y varios momentos de humor (singularmente surrealistas en los mejores casos), se revelan caracteres definidores de Between two worlds, la categórica consagración autoral del joven director de Sri Lanka Vimukthi Jayasundara tras el exitoso bagaje acumulado por su anterior obra, The forsaken land, ganadora de la Cámara de Oro del Festival de Cannes en 2005.

Publicado: 03/06/2010

Las primeras imágenes de Between two worlds nos ofrecen una pequeña pista de sus intenciones conceptuales. Para empezar, un hombre se duerme sobre una playa cubierta de cangrejos y sol segundos antes de escalar (en plano secuencia) un abrupto acantilado. El siguiente plano nos lleva a una ciudad asediada por protestas y televisores rotos (no en vano, los medios de comunicación se constituyen en indisimulados objetos de los ataques durante todo este tramo ya sea con la forma de un televisor roto, con el de una torre de comunicaciones arrasada por el fuego o con la de un periodista que, en primera persona, se dispone a narrar su propio linchamiento) y por bandas de oficinistas que, armados, persiguen y apalean a un tipo vestido como Mickey Mouse. En el mismo plano, en continuidad, uno de los agresores se apiada, o eso parece, de una joven herida; junto a ella se enfrasca en un viaje, que suponemos de retorno, en dirección al campo (un trayecto abruptamente saboteado por una irónica solución argumental: la joven rescatada huye, tras un sigiloso proceso de seducción, con el conductor del coche que los traslada de un sitio a otro), donde será recibido por lo queda de su familia política, en un poblado donde los hombres permanecen ocultos (huyendo de la Guerra o del servicio militar) y los que quedan, ya sean niños, ancianos o mujeres, sobreviven a duras penas apegados a la nostalgia en espera de que un Príncipe de leyenda, probablemente su salvador, salga del agujero del árbol donde parece haberse perdido.

Repleto de imágenes abstractas, figuradas, Between two worlds evita vertebrar su relato en torno a la suerte de su personaje protagonista (testigo y cómplice de todo y cuánto acontece pero desposeído de la posibilidad de intervenir en el destino de los otros), ofreciendo a cambio una sucesión de microhistorias, más o menos inspiradas, siempre resueltas con un alto grado de comicidad, alrededor de un viaje homeriano que tiene tanto de retorno como de expiación personal; las continuas referencias a la Guerra Civil, presente siempre en segundo plano (bombas que estallan a lo lejos, militares que se ocultan entre los matorrales, mujeres que echan de menos a sus esposos, soldados a caballo que repelen cualquier intento de refundición), termina por definir, siquiera alegóricamente, una película cuyo principal interés deviene, precisamente, por una ausencia unívoca de convencionalidad. Y es que Between two worlds de Vimukthi Jayasundara es una más que digna representante de un tipo de cine fragmentado, existencialista, total, deliciosamente perverso; irónico a más no poder; finalmente discursivo (quizá sea su único pero), que deja en el gaznate no ya una utilización del sonido (y de la música) poco menos que ejemplar, sino unas cuantas preguntas que solo pueden resolverse desde una perspectiva lírica.

Es, en fin, una obra genuinamente audiovisual que encuentra lo mejor de sí misma en el diálogo que establece con el espectador mientras lo seduce con imágenes subyugantes, postales verdes y hombres que huyen de si mismos hacia ninguna parte. Una película excepcional que anticipa una personalidad sobresaliente en el ámbito de la creación cinematográfica. Veremos lo que tarda el bueno de Vimukthi Jayasundara en desdecirnos…

J.P. Bango

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