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Martín Cuenca: “Lo terrible es entender que el 'caníbal' es uno de los nuestros”

Tras una exitosa premiere mundial en Toronto y la tibia acogida del Zinemaldia, el cuarto trabajo del almeriense se estrena mañana en salas.

Publicado: 09/10/2013

Como si formase parte del limbo en el que 'Caníbal' escapa del tiempo, Manuel Martín Cuenca ('La mitad de Óscar', 'La flaqueza del bolchevique') rellena cuidadosamente su pipa con tabaco y, mientras se dispone a encenderla con la dificultad propia del viento en medio de la quietud de la terraza de la AlhóndigaBilbao, con una panorámica inigualable y rodeados por las esculpidas cornisas de los edificios colindantes, una va captando que al almeriense le acompaña un halo de misterio. El mismo que lo ha llevado a realizar un cine de esencias. “Me gusta trabajar con los mínimos elementos, despojar al cine de lo accesorio y capturar solamente su ser”. El cineasta no tiene problemas en reconocer algo que salta a la vista después de visionar su más que 'apetecible' historia de amor, que es “meticuloso hasta ser testarudo”. La precisión quirúrgica y simétrica de sus planos, un Antonio de la Torre que se come la pantalla en un papel de depredador tan conciso como gélido, y la inclusión de lo extraño en lo cotidiano, convierten a 'Caníbal' en un trabajo valiente que engrosará la cada vez más raquítica y desconocida lista del fantaterror nacional, ese que tanto le debe incluso a ilustres como Fernando Fernán Gómez o Edgar Neville.

Aunque el relato se desarrolla en el presente, parece suspendido en la atemporalidad o en un contexto temporal incierto.

La atemporalidad es parte de la Granada del presente (al margen de la ciudad universitaria), con su burguesía provinciana por la que parece no pasar el tiempo. Podría haber sido Córdoba, pero Granada ofrece unas connotaciones como referente europeo y español que no tienen las demás provincias. Nada es moderno o antiguo. Imagina una fotografía de la vieja casa de la abuela en la que aparece tu padre jugando con el iPhone. Ocurre algo similar en el interior psicológico de las sociedades. Somos lo que siempre hemos sido, pero le vamos colocando capas de modernidad que no destruyen a las anteriores, sino que se superponen. La atemporalidad es muy real. Es una forma de expresar que el país sigue siendo lo que siempre fue. Vivimos en una España tremendamente enraizada en el pasado.

¿Con los elementos folclóricos pretendes situar la historia en la España castiza y tradicional?

El folclore surge de creencias profundas que forman parte de la España real. Los andaluces somos más intensos en lo folclórico de lo que parece. Como decía Buñuel, “soy ateo por la gracia de Dios”. Incluso siendo anti-todo, aquí hay una profunda raíz cristiana que impregna nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Nuestro país es terriblemente conservador.

'Caníbal' es un suceso de la España negra, esos que eran portada de 'El Caso'.

El caníbal es un bárbaro más, incrustado en la normalidad. Un tipo aparentemente corriente con el que podrías cruzarte por la calle. Es una metáfora sobre el barbarismo, no sólo del español, también del europeo. Europa aparentemente es ejemplo de sociedad civilizada pero resulta ser la cuna de dos guerras mundiales, del crimen de Puerto Hurraco y del famoso suceso del caníbal austriaco. Célebre frase, “en Europa ha surgido la barbarie”. Y lo más trágico de todo es que siempre viene teñida de aparente serenidad. Lo peor no es que existan monstruos aberrantes como Carlos, lo terrible es entender que el caníbal es uno de los nuestros. Además no tiene sentimiento de culpa. Igual pasa con Alemania. Estoy seguro de que si no hubieran perdido la guerra, nunca se habrían arrepentido de matar a seis millones de judíos. Todo lo contrario, hubiesen matado a tres millones más. Los países no tienen sentimiento de culpa cuando vencen. En fin, la cinta también podría ser un ejemplo de todo esto.

¿Qué hay en 'Caníbal' del fantaterror español y de la tradición fantástico-costumbrista? Pienso en 'La torre de los siete jorobados' o 'El extraño viaje'.

Sin referentes concretos, siempre tuve en mente esta tradición. Ahí hemos destacado. 'Caníbal' es un reconocimiento al fantaterror nacional, donde todavía tenemos mucho que aportar. Ni siquiera lo hemos exportado en condiciones y es algo que gusta mucho en el extranjero. Además dice tanto de lo que somos, que sólo lo podemos hacer nosotros. Pero es verdad que mi último trabajo encaja con el halo perturbador de 'El extraño viaje' o de 'La caza', también con lo inquietante que se introduce en lo cotidiano de 'La torre de los sietes jorobados'. Con el fantástico español sucede algo sorprendente y es que se aprende más sobre el peligro y la vida que viendo doscientos telediarios.

Y la antropofagia...

La antropofagia es una metáfora del mal. Pero no quise mostrar el canibalismo como un acto pornográfico, sino que pretendí ser sutil y evocador porque esto inquieta mucho más al espectador. Carlos es la encarnación del mal sin sentimiento de culpa. Vive con naturalidad una pulsión enferma del deseo que sacia en actos puros de crueldad. Mujer que le gusta, mujer que se come. El mal está dentro del caníbal (de nosotros) y traspasa la línea sin darte cuenta.

¿Es un cuento macabro sobre el amor platónico?

Es un cuento sobre el amor, sus límites y posibilidades. El amor (y no el deseo sexual) es la esencia de la humanidad, permite colocarse en el lugar del Otro. Uno deja de preocuparse por uno mismo para ocuparse del amado. Cuando te enamoras buscas el placer del Otro en el deseo y el bien en la vida. Incluso en el sexo aspiras solamente al placer del Otro. El poder del amor es enorme; ahora bien, también tiene límites. Es muy bonito el discurso hollywoodiense de que “el amor lo puede todo”, pero por desgracia no es real. El amor puede cambiar el presente y el futuro, pero nunca el pasado. Además fracasa en su intento. Uno es quien es.

Entonces el amor sería como el motor del mundo.

La ambición, el deseo puro y duro sin amor, el odio o la envidia son motores del mundo. Aunque, sin lugar a dudas, el amor es el más sano. Carlos se encuentra con el amor por casualidad y le asaltan unos sentimientos que no entiende. Las dos actrices marcan dos líneas en el guión. Con la primera mujer mantiene la máscara y maneja su deseo sin sentimiento de culpa. Ocultándose en las apariencias, solo se relaciona con ella para sobrevivir, mientras que con la segunda funciona a nivel inconsciente. Ahora comienzan a sucederle cosas que ya no calcula, que no conoce. Así que vive el amor por primera vez desde el asombro.

¿Dirías que su giro final es melodramático?

Aunque quise mostrar la confesión del asesino como el acto más noble que puede ejecutar este ser monstruoso, nunca busqué ser melodramático. Pienso que este género es una construcción intelectual sobre el pasado. Así que el melodrama es mentira y su llanto no es auténtico. Cuando se vive algo poderoso se hace desde la extrañeza. El amor es una epifanía.

¿Cómo planteaste la concordancia entre forma y contenido?

Pese a no partir de planificaciones rigurosas, tengo algunas intuiciones iniciales que voy trabajando a medida que crece el proyecto. Normalmente, las cosas van surgiendo. Para mí el oficio de cineasta es una labor muy artesanal. La película adviene según esculpes la roca. Nunca hago storyboard. Sin embargo sí que me gusta buscar personalmente las localizaciones y cuando las tengo paso horas allí pensando cómo voy a filmar la escena. Y luego, una vez que estoy en el lugar con los actores, lo vuelvo a cambiar todo. Creo que las cosas solo pueden ocurrir en un preciso instante. Solo hay una escena y una toma posible, y únicamente puede suceder en ese día y en ese espacio. Se trata de encajar todos los elementos en un único momento. De esta manera, la forma se encuentra con el contenido.

¿Por qué Antonio de la Torre para afrontar el papel de sastre caníbal?

Antonio es un luchador y un currante infatigable. Yo lo he visto crecer y cada vez se pone retos más altos. Tiene la humanidad del hombre normal, me recuerda a Fernando Rey o Francisco Rabal. Es alguien en el que te reflejas. Piensas “¡es un tío como yo!”. Y al mismo tiempo tiene un talento inmenso para la interpretación. Desde que comencé a preparar la película siempre estuvo en mi cabeza y ahora no me imagino a otro. Al principio estaba nervioso, era un registro nuevo y además le pedí una contención tremenda. Pero a medida que se sumergía en el rol fue hallando la calma del depredador. Le hice sufrir pero estaba convencido de que lo haría con la emoción bien dentro. Sin exhibirla. Sin narcisismos. Un día un amigo me dijo: “si Buñuel estuviese vivo, seguro que habría trabajado con Antonio de la Torre”. Es un actor de raza.

María José López

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