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Kim Nguyen: “Los niños soldado son máquinas de guerra que nunca sentirán miedo”

'Rebelde', el cuarto trabajo del canadiense que fue nominado al Oscar, es una emotiva denuncia sobre las miserias y el infierno de la guerra en África.

Publicado: 04/06/2013

A veces los espectadores sienten la necesidad de apartar la mirada de la pantalla. Es la mala conciencia del público occidental a la hora de encarar las miserias del mundo subdesarrollado, las mismas que sirven de coartada al ahora tan denostado cine social. Afortunadamente, no parece la intención de Kim Nguyen (Montreal, 1974). El cineasta canadiense juega en otra liga y lo demuestra en 'Rebelde' ('War witch'), su cuarto trabajo, nominado al Oscar en la categoría de mejor película extranjera de habla no inglesa.

Narrada en primera persona con cierto regusto neorrealista en alguno de sus pasajes, el filme da voz a los olvidados y los huérfanos del Tercer Mundo, a esos niños que son obligados a hacerse adultos antes de tiempo. En plena guerra civil, Komana, de 14 años, le cuenta al hijo que lleve en su vientre las vicisitudes de su corta pero dramática existencia. Dos años antes vivía en un poblado del África subsahariana. Un grupo rebelde asaltó su remota aldea y, contra su voluntad, la obligaron a unirse al movimiento armado. Inmersa en un conflicto que le resulta lejano, debe asumir su terrible destino o luchar por recuperar su dignidad.

Si 'Bestias del sur salvaje' debía toda su fuerza a la pequeña Quvenzhané Wallis, 'Rebelde' se beneficia del talento innato de Rachel Mwanza, una niña tímida y despierta que vivía en la calle junto a su abuela y que ahora puede presumir de haberse alzado con el premio a la mejor interpretación femenina en la Berlinale. “Conocí a muchos ex niños soldados en Burundi, todos destrozados por un pasado atroz. Entonces, durante una prueba, encontramos a Rachel. Solo había participado en un documental belga antes de que descubriésemos su potencial ante la cámara. Se ha incorporado a un programa de reinserción bajo la tutela de profesionales. Está aprendiendo a leer y escribir. Deberá vencer muchos obstáculos pero es una de las personas más valientes y emprendedoras que he conocido”, asegura Nguyen desde Canadá para ponderar la soltura de su joven estrella congoleña. “Solo tiene 16 años, pero le encantan las películas de terror”.

Un rayo de esperanza

La relación afectiva de Komana con Mago, un negro albino -“no estaba previsto en el libreto pero el casting de Serge Kanyinda fue el más satisfactorio”-, aporta algo de luz y optimismo en el caos de la barbarie. Frente a la crueldad, su vínculo representa la pureza del amor. A pesar de su crudo retrato de las calamidades del colonialismo y sus secuelas, Nguyen procura no ser condescendiente y mantiene la distancia, rehuyendo así de cualquier tipo de manipulación o maniqueísmo. No evita, eso sí, dotar a su relato de elementos sobrenaturales. “Un niño soldado termina por volverse inmune a la violencia porque envenenan su mente. Son máquinas de guerra que nunca sentirán miedo. Los fantasmas de la jungla que ve Komona son la metáfora de esa violenta realidad que les ha tocado vivir, pero también remiten a la magia que empapa la vida cotidiana del continente africano”, argumenta.

La cinta es la segunda película de ficción que se rueda en Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo. En la gran metrópoli, la tercera más poblada de África, descubrieron “una ciudad prohibida abandonada”. Con la ayuda de 200 arquitectos chinos, Mobutu la construyó en la década de los ochenta para acoger a dignatarios europeos. El lugar se convertiría en una de las localizaciones más significativas de un rodaje que sufrió todo tipo de sobresaltos. “En una ocasión, olvidamos avisar a las autoridades y ese día filmábamos un tiroteo. A los pocos minutos aparecieron en el set cincuenta soldados dispuestos a matarnos”, rememora entre risas.

Desde su prólogo, un puñetazo en el estómago que predispone al espectador para el horror que se avecina, la película deslumbra gracias al ingenioso empleo del sonido y el notable trabajo de fotografía de Nicolas Bolduc. Como guinda, su banda sonora de corte setentero es de las que perduran en el recuerdo. “El afro-beat representa el alma de Angola. Es la música más hermosa que he escuchado en mi vida”. Ahora que el éxito de crítica y público le ha abierto las puertas de nuevos mercados internacionales, el cineasta de Montreal prepara simultáneamente dos nuevos proyectos. “Estoy enfrascado en la preproducción de 'Almas muertas', una adaptación de la novela de Gogol ambientada en la América de finales del siglo XIX. También estoy trabajando en 'Origin of the world', una historia que transcurre en Canadá, Oriente Medio e India, y protagonizan tres mujeres ordinarias enfrentadas a circunstancias excepcionales”.

David López

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