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Rojo Oscuro y la herencia del giallo

Volver a revisar "Rojo Oscuro" ("Profondo Rosso", Dario Argento, 1977) es poco menos que desempolvar las vetustas páginas de un álbum de fotos que capturan la quintaesencia de lo que fuimos en una época y que aquí devuelven las imágenes de un subgénero que influyó y configuró cinematografías posteriores.

Publicado: 28/08/2016

Recuperar ésta, una de las obras cumbres de la filmografía de su autor, es una celebración del giallo italiano y su quintaesencia, pues pocos ejemplos hay más definidores de lo que fue aquel cine nunca tan ilustre desde las catacumbas, nunca tan perturbador y poco valorado hasta su rescate como parte desatendida del universo del culto cinematográfico. Hija de su época, de su autor y de sus coordenadas, "Rojo Oscuro" es concebida en uno de los relevos cinematográficos más celebrados, el de un conjunto de inquietudes e inspiraciones que maestros como Mario Bava o Ricardo Freda transmitieran a uno de sus discípulos más aventajados, Dario Argento.

"Rojo Oscuro" define los trazos estéticos y narrativos a seguir en su filmografía y en especial configuradores de una de las obras maestras de Argento, "Suspiria" (1977), la cuál inauguraría, a su vez, un nuevo sendero a seguir por el género en su versión fantástica. La que aquí nos ocupa parte de un relato eminentemente pulp, eminentemente sensacionalista y de naturaleza excesiva que se desenvuelve bajo unas premisas de estilo que parten de la experimentación y lo inusual, de una cámara que adopta el punto de vistas subjetivo del asesino para ser una de las precoces antecesoras de lo prescrito por John Carpenter en "La noche de Halloween" ("Halloween", 1978). La identidad del asesino es, por supuesto, el eje en torno al que gira la narración de Argento, adornada con toda clase de improbables personajes secundarios y un héroe de lo más inusual, un pianista (David Hemmings) que parece ex profeso configurado para dar sentido a la más brillante escena de la película: aquella en la que recibe la visita del asesino en su apartamento y debe guardar la calma manteniendo la melodía en su piano. A través de todos ellos, Argento corrobora las premisas del género eficazmente, haciendo de "Rojo Oscuro" una fascinante y amarilla historia de asesinatos que comete su única transgresión en el momento de destapar la identidad del asesino (y hasta aquí puedo leer).

Ya en su magnífico debut "El pájaro de las plumas de cristal" ("L'Uccello dalle piume di cristallo", 1970), Dario Argento había demostrado brillantes aptitudes para el género, las cuáles toman más forma si caben en "Rojo Oscuro", quizás menos sobria y más excesiva que aquella, pero pura pasta del giallo más influyente que marcaría profundamente los rasgos de los cines de autores venideros. La película se permite un jugueteo narrativo, un liviano engaño que abre y cierra la narración de manera circular y que le permite una pequeña genialidad del bueno de Argento. Las mejores novelas de Agatha Christie no estaban tan lejos de los libretos pulp en los que se fundamentaba el giallo italiano, y tampoco lo estaba la fascinación que sus protagonistas sentían por el crimen, el cuál acaba siendo, no accidentalmente, el nexo de unión e identificación del espectador con ese pianista que rastrea y descubre cada crimen antes que las casi siempre ausente autoridad local. En un acto de divertimento pero también de expreso conocimiento de los resortes del género, Argento contesta a las preguntas más obvias con las respuestas que delatan su obviedad donde otros las dejarían sin contestar. Así, en un momento dado y ante la pregunta del pianista de "¿Qué ha sido eso?" su amigo le responde "Un grito, diría yo".

También es precedente "Rojo Oscuro" en el uso de su música, los servicios del grupo de rock gótico italiano Goblin, aquí dejando su particular impronta de instrumentos medievales e irreconocibles, de melodías aquí más destinadas al desconcierto del espectador desconcertar que al fin más abierto de inquietarlo, algo que lograron en Suspiria al forjar una de las más brillantes bandas sonoras del cine italiano. Así, la música de los Goblin ponen ambientes y contrapuntos a imágenes grotescas de asesinato, objetos fetichistas que en cierto modo ya adelantan la fascinación por la brujería que Argento desplegará en sus siguientes películas. Antes de las mismas, "Rojo Oscuro" es un fascinante giallo que requiere la transigencia de un iniciado y únicamente el disfrute de aquellos que ya conocían al que firma y son conscientes de lo que firma últimamente. Una película que puede ser tomada sin muchos reparos como arquetípica del giallo, el ejemplo por excelencia de este cine de callejones oscuros, asesinos de guantes de cuero y métodos poco elegantes, sangre a borbotones de bellas estudiantes y pequeños misterios que no desafían la mente del espectador, sino que sólo aspiran a cerrarse sorpresivamente. En definitiva, profundamente giallo.

Alicia Escribano

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