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"El Viaje de Roger Corman" por José Ramón García Chillerón

Publicado: 24/01/2008

En 1943 Albert Hoffman ya había logrado la primera síntesis química del LSD. Sin embargo, no fue hasta mediados los años 60 cuando el invento gozó de una mayor popularidad al ser reivindicado por el hippismo como una revelación casi religiosa. Precisamente esa eclosión del LSD como droga ritual del movimiento contracultural fue una de las razones, cuando no la razón principal, por las que se prohibió su uso en octubre de 1966.

El profeta principal del LSD fue Timothy Leary, psicólogo y discípulo de Aldoux Huxley, que realizó sus primeros experimentos con LSD en la Facultad de Psicología de la Universidad de Harvard que tras ser despedido de sus labores docentes acabaría convirtiéndose en un celebre gurú del ácido al que acudían las personalidades más célebres para que les guiará en sus viajes iniciales. No menos importante en la función de transmisor de las bondades del LSD fue Ken Kesey, autor de importantes novelas contraculturales como "Alguien voló sobre el nido del Cuco" o "A veces un gran impulso", que amplió la escala de las tomas colectivas de Leary convirtiendo el LSD en todo un fenómeno (compartido) de masas. La diferencia entre ambos, como bien afirma Antonio Escohotado, consistía en la postura que tomaban ante la droga: “Si Leary preconizó la LSD como sacramento de un culto salvífico, Kesey puso en marcha fiestas profanas donde el fármaco se tomaba porque sí, para experimentar la alegría del movimiento, la vida en acción” (Escohotado,Hª Drogas 3, pag 67). Pese a estas diferencias de actitud a la hora de la ingestión del fármaco “(…) el punto de contacto era un común rechazo ante la lógica de dominio indicada genéricamente como Sistema” (Escohotado,Hª Drogas 3, pag 67).

De manera que la cultura del LSD estaba en pleno fervor cuando Roger Corman se decidió a plasmar en celuloide un viaje de ácido puesto que conocía el contexto cultural de la época y sabía que era el momento adecuado para llevar a cabo tal experimento sin por ello renunciar a una cuantiosa taquilla.

Hemos de apuntar que Corman acababa de obtener un gran éxito con "Los Ángeles del Infierno" ("The Wild Angels", 1966). Esta película, la más exitosa de la AIP hasta la fecha, se apuntaba al carro contracultural en boga recogiendo buenas críticas, así como pingües beneficios económicos. El film incluía una fiesta salvaje con los tres ingredientes básicos de toda `exploit party´: violencia, sexo alocado (con violación incluida) y, como no, drogas (alcohol, heroína y marihuana, entre otras). A esto había que añadirle unas cuantas banderas con esvásticas, la profanación de un cadáver, el destrozo de una iglesia y la humillación pública de un sacerdote para completar el listado de desvaríos presente en la caótica celebración funeraria llevada a cabo por los Ángeles del Infierno, sin duda, unos moteros mucho menos tranquilos que aquellos predestinados a seducir a crítica y público en "Buscando mi destino".

Así fue como el mal llamado Rey de la “Serie B”, pues como él mismo afirma cuando comenzó a hacer películas la “Serie B” ya había dejado de existir, se decidió a hacer "The Trip" (1967). Démosle la voz a nuestro protagonista: “Para mi siguiente proyecto con la AIP buscaba una variante sobre el tema del bandido/antihéroe contemporaneo que tan eficazmente había personificado Peter Fonda y que era tan claramente comercial”. Dichas declaraciones no nos hacen amparar la menor duda acerca del fin que perseguía Corman con este nuevo proyecto. Pero dejemos que continúe explicándose “Tras algunas deliberaciones, Jim Nicholson y yo convinimos en desarrollar otro tópico: un viaje en alas del LSD. Era el año 1967, y decidimos reincidir con Peter, aquel actor tan sobrado de inteligencia y sensibilidad. El LSD, la hierba, el hachís, la velocidad la droga dura y el movimiento hippie, el amor libre, la automarginación de un mundo y sintonización en otro formaban parte de la conciencia omnipresente de rebeldía contra el Sistema y la ley que impregnó el país en los días de Vietnam. Cada vez eran más numerosas las personas `rectas´ que renunciaban a todo para actuar a su albedrío. Yo deseaba contar su historia como una odisea de ácido” (Corman, Roger: Autobiografía, pag 196-197).

Lo primero que decidió Roger Corman fue probar el LSD para vivir la experiencia que después habría de trasladar a imágenes. Chuck Jones, guionista de "Los Ángeles del Infierno", escribió un primer tratamiento del guión que fue rechazado. Finalmente, Corman recurrió a Jack Nicholson como guionista dada su condición de psiconauta iniciado en el LSD y a que contaba con su confianza, pues anteriormente había escrito un par de westerns para él.

El resultado es un collage de imágenes pretendidamente alucinatorias ensambladas en un montaje frenético que combina la estética psicodélico-colorista de la época, con una mal asimilada influencia de Bergman, incluyendo una evidente referencia a "El séptimo sello" ("Det sjunde inseglet", 1956; Ingmar Bergman) en la que no falta la personificación de la muerte luciendo pálido rostro y gesto severo, y ciertas reminiscencias visuales a su serie de películas de terror gótico basadas en relatos de Edgar Allan Poe durante la parte del mal viaje situada en la Edad Media. Dentro de esta amalgama visual destacan las siempre socorridas composiciones caleidoscópicas y las luces estroboscópicas multicolores proyectadas sobre los danzantes desquiciados del Sunset Strip.

José Ramón García Chillerón

Jorge en 20/12/2008

La pongo entre las películas más alocadas/psicodélicas, pero a su vez interesante en desarrollo, guión y actuación. Encima me he dado cuenta que siento como un interés de las películas eurapeas de la década del 70.

darkgirl en 24/01/2008

esta es una de mis peliculas favoritos de Corman. Estupendo articulo, la introducción dedicada al LSD me ha resultado muy interesante

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