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Desmadre a la americana

El festival Transmission rinde tributo a los Ramones y rescata del olvido 'Rock 'n' Roll High School', la película de culto de Allan Arkush que, bajo la producción de Roger Corman, anticipó el cine adolescente de la década de los ochenta.

Publicado: 10/07/2013

Primavera de 1978. El punk y la new wave. Un año antes, Bowie había entregado su obra maestra y, al módico precio de cinco dólares, no resultaba insólito asistir a un concierto en el que, en compañía de la banda que grabó el excelso ‘Bitches Brew’, Miles Davis podía ejercer de telonero de Neil Young & Crazy Horse. Era la magia del auditorio Fillmore de San Francisco. Mientras Sex Pistols, the Clash o Wire sacudían los cimientos de la conservadora sociedad británica con un discurso colérico que presagiaba la irrupción política de Margaret Tatcher, Donna Summer, bien secundada por el hoy tan revalorizado Giorgio Moroder, ya había logrado elevar un icono disco como ‘I feel love’ a la categoría de fenómeno de masas. El sello Elektra revolucionó la historia de la música sin pretenderlo con la publicación del ‘Marquee Moon’ de Television y futuras luminarias como Talking Heads compartían escenario con Blondie en la mítica sala neoyorkina CBGB.

Aquel abril, Allan Arkush cumplió 30 años. Décadas más tarde se convertiría en una destacada figura televisiva como productor ejecutivo de ‘Héroes’ o director ocasional de algunos episodios de ‘Melrose Place’ y ‘Dawson crece’. Pero, a finales de los setenta, era hijo de la contracultura norteamericana. Compañero de correrías de Jerry Garcia, trabajaba entonces en la industria cinematográfica a las órdenes de Roger Corman. Llegó a la factoría del ‘Orson Welles de la serie Z’ de la mano de Joe Dante, que aquella misma temporada estrenaría la entrañable ‘Piraña’.

Este enamorado de ‘Rebelde sin causa’, al que obsesionaban las jerarquías sociales, descubrió a los Ramones gracias a una reseña de Robert Christgau en la revista ‘Village Voice’. El decano de la crítica musical estadounidense otorgó la máxima puntuación al primer álbum del grupo y el realizador de Nueva Jersey no tardó en adquirir una copia. Le entusiasmaron. “Sonaban a los Beach Boys pero respaldados por un coro de motosierras”, proclamaría. No imaginaba que, tras descartar a Cheap Trick y Van Halen, los acabaría reclutando como máximo reclamo de una alocada comedia musical. A su manera, un retrato del conflicto generacional, precursor del cine adolescente de los ochenta.

Rebelión en las aulas

Con un presupuesto de 300.000 dólares, la producción de ‘Rock ‘n’ Roll High School’ (originalmente titulada ‘Disco High’) se extendió a lo largo de cuatro semanas en condiciones de dudosa profesionalidad. Próxima al espíritu de ‘Desmadre a la americana’, Arkush suele citar como referentes títulos como ‘If’ (Lindsay Anderson, 1968), ‘Una rubia en la cumbre’ (Frank Tashlin, 1956) o ‘High School Confidential’ (Jack Arnold, 1958). También clásicos malditos del ‘Hollywood prohibido’ como ‘Wild boys of the road’ o el humor de trazo grueso del primer Woody Allen.

La historia, plagada de referencias autobiográficas, está ambientada en Los Ángeles, en el instituto Vince Lombardi (un guiño al célebre entrenador de los Green Bay Packers). Como consecuencia del mal comportamiento del alumnado, varios directores de secundaria han renunciado a su puesto. El consejo rector contrata a la estricta Evelyn Togar para que erradique el problema con mano dura. Togar, por supuesto, culpa al rock de todos los males de la juventud (¡incluso lo demuestra con un experimento científico!). Bajo el influjo de una mala lectura del ‘Farenheit 451’ de Ray Bradbury, toma la decisión de quemar todos los vinilos que se interpongan en su camino. Claro, que no contaba con los Ramones y Riff Randell, una aspirante a 'groupie' del combo de Queens.

El reparto no tiene parangón. Actores treinteañeros dan vida a los bisoños estudiantes mientras la ‘scream queen’ P.J. Soles (’La noche de Halloween’, ‘Carrie’) interpreta a la pizpireta Randell. “Siempre tuvo muy buena química con Joey Ramone”, recuerda Arkush. Mary Waronov, otrora integrante de la Factory de Warhol y bailarina habitual de las performances de la Velvet Underground, encarna a la dictatorial señorita Togar. Era una más del clan Corman: amantes y detractores del cine basura aún suspiran cuando rescatan ‘La carrera de la muerte del año 2.000’, de Paul Bartel (el director de Brooklyn tiene aquí un pequeño papel como profesor de música). Mención aparte merece la banda sonora, que incluye una heterogénea colección de temas de Devo, Brian Eno, MC5, Chuck Berry, Todd Rundgren, Nick Lowe y Fleetwood Mac.

Minnelli para adolescentes

La escena preferida de su autor (también la más complicada de filmar) es aquella en la que el cuarteto recorre los salones del instituto tocando ‘Do you wanna dance’. Los arquetipos adolescentes por excelencia (la animadora, el deportista, el ‘geek’) les siguen, aplauden y bailan al ritmo de la canción. Un jovial homenaje a los musicales de Vincente Minnelli y la MGM.

Frank Marino, jefe de distribución de Corman, odiaba el filme. También a Arkush. Intentó reducir su metraje y tanteó la posibilidad de cambiarle el título. Al final se impuso la cordura, pero, para desesperación de Arkush, la película no pudo estrenarse en Nueva York. Sin embargo, New World Pictures, buque insignia del imperio Corman, logró cerrar la premiere en algunas salas del sur de Estados Unidos. “¿Cómo demonios vamos a lanzar una película de los Ramones en Nuevo México? Nuestro primer disco vendió 135 copias en todo el estado. Eso significa que solo 135 personas se preocupan allí por nosotros”, se lamentaba Joey Ramone, que siempre se jactó de que la banda representaba “el alma neoyorkina”. ‘Rock ‘n’ Roll High School’ triunfó en las ‘midnight sessions’ y recibió la bendición de críticos tan reputados como Roger Ebert y Gene Siskel. Incluso el todopoderoso Phil Spector se declaró fan fatal de la cinta.

Un grupo de culto

Aunque en su época nunca disfrutaron del éxito masivo, los Ramones “parieron media docena de nuestros clichés indies favoritos y desmitificaron el rock”, sostiene James Gregory en 'Pitchfork'. Además, firmaron para la posteridad dos álbumes memorables (su debut y el ‘Rocket to Russia’). Tal y como refleja el excelente documental ‘End of the Century’, su música sobrevivió a 20 años de peleas internas, relaciones ásperas, adicciones variopintas, intercambios de parejas y muertes trágicas.

La semana pasada, el festival Transmissions, especializado en obras de no ficción, les rindió tributo en La Casa Encendida con la proyección de la propia ‘Rock ‘n’ Roll High School’ y ‘Ramones Raw’, una pieza que recoge material inédito de un tour de 1980 y entrevistas con Debbie Harry, Bono o Robbie Krieger. El azar quiso que la cita madrileña prácticamente coincidiese con el fallecimiento de Arturo Vegas, el creativo que concibió el ‘artwork’ de los neoyorkinos.

El batería Marky Ramone estuvo presente en la capital para defender el legado de sus antiguos camaradas y no se libró de la acusaciones de aquellos que le imputan cierto oportunismo. A diferencia de Joey, Johnny o Dee Dee, nunca fue uno de los miembros originales y su entrada en escena vino justificada por la necesidad de sustituir al carismático Tommy, desde entonces centrado en labores de producción. Sí que aprovechó la coyuntura para promocionar la nueva gira de Blitzkrieg, su actual formación. Para corroborar que la nostalgia y la mercadotecnia sigue conformando un feliz matrimonio, el 16 de julio desembarcarán en el Kafe Antzokia de Bilbao tras parar en Murcia, Barcelona o Vigo.

David López

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