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Biutiful

Ya en su día, hablando de Babel, la anterior película de Alejandro Gonzalez Iñarritu, me vino a la cabeza el maestro Wilder. Este genio dejaba claro en casi la totalidad de las comedias que realizó, que la más absurda y cómica de las situaciones no impedía su traslación a la pantalla a través de situaciones dramáticas e incluso trágicas. Esto en absoluto impedía que la situación dramática se diluyera en su formato cómico. Con esto no quiero trazar un paralelismo entre ambos directores, ni mucho menos, ya le gustaría a Iñarritu, sino poner en evidencia que no por el hecho de plasmar en la pantalla el más tremendo de los dramas sin dar la más mínima concesión al espectador, éste va a resultar más intenso y desgarrador, al contrario, no vas a alejar de él, haciéndolo frio y despojándolo de humanidad. En definitiva, como ya le pasaba en sus anteriores obras, se pierden los matices al quedar todo impregnado de la más absoluta desazón.

Publicado: 30/12/2010

Primera película del mexicano sin su guionista habitual, Guillermo Arriaga, lo cual se nota pero tampoco en exceso, ya que los anteriores guiones urdidos por el tándem tampoco eran nada del otro jueves. Si que se nota cierta dejadez, más que a la hora de componer los personajes, de una pieza todos a excepción del de Bardem, si a la hora de situarlos en situaciones que doten al conjunto de una coherencia y ritmo del que la película carece en absoluto. En este sentido, quizá lo peor que se le pueda achacar a una película sea la posibilidad de acortar su metraje sin que la parte esencial de la misma se vea en absoluto dañada. De eso aquí tenemos en demasiado, abundan los personajes que no llevan a ningún sitio y que sólo sirven para dejarnos claro que en esta película está prohibido sonreir, secuencias que remarcan de forma demasiado descarada lo dotado que está su director para adornar de estética deliberadamente feista cada uno de sus planos (vale que está rodada en Barcelona, pero lo mismo podría ser Calcuta) así como lo incapaz que es para que sirvan de alguna manera para hacer avanzar la acción de una forma coherente y fluida (esto es llevado hasta el extremo en la secuencia de la discoteca, dotada de una increíble fuerza visual pero absolutamente inútil y superflua).

Lo mismo pasa, como comentaba anteriormente, con los personajes. Da igual que se amolden o no a la acción, nos vale con que sufran y generen mal rollo. Es lastimoso ver a un gran actor como Eduard Fernández desaprovechado en un papel al que resulta imposible hincarle el diente de ninguna de las maneras. La imperiosa necesidad del director de tocar tantos palos (historia de redención, tragedia familiar, inmigración clandestina, relaciones prohibidas, bipolaridad e incluso toques sobrenaturales) resulta por perjudicar en exceso, dejando que la película navegue por mar abierto sin ni siquiera vislumbrar la orilla para poder ahogarse con tranquilidad.

En medio de todo emerge la titánica figura de Bardem, alma mater de los excesivos 150 minutos de metraje. Su presencia lo impregna todo y su esforzadísima actuación hace mínimamente llevadera una película que se consume en la falsedad de su forzado realismo. Una nueva muestra, y ya van unas cuantas, de lo extraordinario actor que es, de sus múltiples registros y de su capacidad camaleónica. Lástima que el resto no acompañe. Parece mentira que tras las imágenes de la poderosa Amores Perros nos encontremos un director que sólo ha sabido pulir su estética en detrimento de un contenido con matices.

Carlos Polite

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Arturo Pérez Navarro en 05/01/2011

http://jornadanocturna.blogspot.com/2010/10/biutiful-una-saturada-vision-de.html

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