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Tatsumi

Se considera a Yoshihiro Tatsumi el auténtico padre del gegika (o drama ilustrado), un término que él mismo se encargaría de acuñar en 1957 para definir una sub-modalidad dentro del (todavía incipiente) género manga más culta y refinada, exenta de soluciones fantasiosas, particularmente orientada a un público más adulto; en palabras del propio mangaka japonés: un tipo de historias capaces de mostrar “la verdad del propio ser humano".

Publicado: 16/06/2011

 

Tomando como fuente y materia prima argumental su propia realidad y entorno, entonces, Tatsumi dará brío y formas dibujadas a un conjunto de obras donde sexo, perdición, relaciones personales y problemas sociales y afectivos acabarán constituyéndose en caracteres dominantes. Su trayectoria profesional se extenderá desde finales de los cincuenta a la actualidad (sigue en activo a edad septuagenaria), moldeando una carrera esencialmente prolífica, además de exitosa, envuelta en un marco conceptual (y contextual) inequívocamente reconocible; de forma adicional, su obra reflejará en todos y cada uno de sus márgenes la realidad social de su país durante la segunda mitad del siglo XX.

Su más prestigioso opus,  “Una vida errante”, un grueso volumen publicado aquí en dos tomos de la mano de Astiberri, también es el más autobiográfico,  y resume el devenir del autor como narrador de historias ilustradas: sus inicios como dibujante adolescente en el Japón  de los cincuenta, su definitivo salto al profesionalismo, sus acuciantes problemas familiares, así como su amistad con Osamu Tezuka, el padre del manga, al mismo tiempo que va resumiendo (y sufriendo) los diferentes vaivenes industriales soportados por el sector durante todo este período. Sobre la base de esta novela gráfica construye el singapurense Eric Khoo, “Tatsumi”, un biopic documental revestido de ropajes animados, que tiene el buen gusto de acomodar, en mitad de su entramado, siempre en formato cinematográfico, varias de las historias dibujadas por Yoshihiro Tatsumi durante su dilatada carrera. Diferentes relatos que dan lugar a su vez a diferentes ambientaciones, épocas, texturas, tonalidades (blanco y negro, sepia, color) y bandas sonoras, y que también van a reflejar la evolución de una sociedad marcada a fuego por las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el fin de la Segunda Guerra Mundial, la ocupación aliada, las penurias de una sociedad cercenada en sus cimientos morales y económicos, la llegada (y dependencia) del capital norteamericano, la consiguiente pérdida de identidad, el auge desarrollista de los setenta, etc… Unos y otros referentes contextuales van mezclándose con sucintas pinceladas de la trayectoria personal y profesional del dibujante nipón, incluyendo varias de sus reflexiones sobre la vida, la expresión artística, y la propia situación del género. 

Cinco historias más una

En “Hell”, la primera de las historias, también la más larga y vibrante, un joven militar se encuentra con la foto de su vida entre las sombras vacilantes de una deflagración causada por la bomba caída en Hiroshima. La imagen recrea la figura de una mujer y su hijo, devorada por las llamas en una posición, aparentemente, afectiva. La carestía post-bélica le obligará a venderla a un periódico a cambio de una suculenta cantidad monetaria, mientras le siguen acosando los remordimientos por haber sacado ventaja económica de una desgracia personal. La fotografía termina convirtiéndose en icónica a pesar de que la interpretación de la misma es imprecisa: y es que lo que aparenta ser un acto de amor entre una madre y un hijo, oculta, en efecto, un intento de matricidio interrumpido en el momento de la ignición. Las consecuencias de ese error interpretativo, exageradas por el propio fotógrafo en el momento que decide asesinar a quien así se lo cuenta mientras intentaba hacerle chantaje, acompañarán al hombre durante el resto de su vida, en su particular infierno…

En la segunda historia, "Beloved Monkey", un trabajador enamorado resuelve cambiar su destino renunciando a su empleo en una fábrica, justo el mismo día en que, como consecuencia de un accidente laboral, pierde su brazo. En un contexto económico gravemente lacerado por el conflicto bélico, el joven manco se ve incapaz de encontrar un nuevo trabajo. Ante la imposibilidad de poder dar de comer a su mascota, un mono al que cuida desde hace tiempo, se invita a abandonarla en un parque zoológico donde no tarda en ser atacada y, finalmente, devorada por los de su misma especie: el destino del hombre y del mono parece unido, también, en términos alegóricos… 

También de metáforas, no exenta de sarcasmo, se nutre el tercer relato: "Just a Man," en la que un hombre maduro pretende revivir el amor en brazos de una mujer que no sea la suya, y a la que acusa de pretender quedarse con su pensión de jubilación. Después de varios intentos fallidos consigue, finalmente, iniciar una relación con una joven mujer que lo comprende y quiere; la noche que se acuesta con ella por primera vez comprobará, con dolor, la imposibilidad de vencer su impotencia. En un acto de auto-indulgencia, se obliga a comparar enfáticamente (mientras lo orina) el destino de un cañón que se yergue mirando al horizonte, en desuso tras la contienda bélica, y su propio miembro viril, fláccido ya para los restos…

En “Occupied”, quizá la más insustancial de las historias y la primera de ellas en que los animadores del film hacen uso de una fotografía a color, un dibujante de cómic que asiduamente encuentra su inspiración en la pared de un baño de señoras, termina detenido por la policía acusado de perversión.

En "Good-Bye", el último y más amargo de todos y cuántos relatos componen esta sórdida selección, una prostituta a sueldo de los ocupantes estadounidenses, enferma de desamor, se invita a perder definitivamente su identidad, a golpe de sexo,  despecho y desesperación, acostándose con su propio padre.

Entremedias de todos estos relatos repletos de asesinos con remordimientos, tullidos perseguidos por la desventura, jubilados condenados al hastío,  mangakas vouyeristas, incestos culpables, accidente laborales sin derecho a indemnización, ambientes turbios, putas despechadas, perdedores sin posibilidad alguna para dejar de serlo, entre otros personajes y circunstancias llevados al límite, se intercalan las propias vivencias del autor japonés, sus recuerdos y reflexiones, algunos retazos de su vida, detalles puntuales de su biografía. Si las diferentes historias que componen la ficción se narran desde una perspectiva vibrante, sincrónica y auditiva, aquélla que las une se revela singularmente embebida de trazos melancólicos y tonos pausados. Una mezcla, singularmente, bien resuelta por Eric Khoo en su primera película animada, que une y converge el ideario creativo del autor japonés con el del propio cineasta singapurense, en esta película de casi un millón de dólares de presupuesto, que mezcla capital de producción de Estados Unidos e Indonesia (donde se acabaría por pulir su forma animada), no por casualidad definida como una rara avis dentro del ámbito del documental, capaz de describir con formas inspiradas, además de respetuosas (especialmente relacionada con los trazos originales del mangaka), las claves (emocionales, profesionales y temáticas) de un subgénero singularmente preñado de mitos; entre ellos, el propio Tatsumi. 

J.P. Bango 

 

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Makelelillo en 15/10/2011

Cuantas cosas voy aprender con esta web. Eso me gusta mucho, gracias.

Un saludo

claudia marcela en 16/07/2011

Hola quiero invitarlos a todos a que vean este blog que es sobre una película animada colombiana. http://pequenasvoceslapelicula.blogspot.com/ sus ilustraciones son preciosas y es cine independiente

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