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Essential Killing

No necesita (apenas) palabras ni justificaciones morales. Solo reacciones (algunas de ellas brutales) y una huida; una huida hacia ninguna parte. En realidad, estos dos elementos definen todo el argumento de “Essential Killing”, la última película del veterano director polaco Jerzy Skolimovski; un "survival horror" enmascarado de película de autor (¿o era al revés?), que recoge sus fuentes de la actualidad, solo a modo de excusa, para construir una historia repleta de simbolismos y de alegorías, de situaciones de gran impacto y no poca turbación existencial. El resto del relato lo resume la naturaleza humana enfrentada contra sus propios límites.

Publicado: 15/03/2011

"Díjole un día un cervatillo al ciervo: -Padre: eres mayor y más veloz que los perros y tienes además unos cuernos magníficos para defenderte; ¿por qué huyes delante de ellos?

El ciervo respondió riendo: -Justo es lo que me dices, hijo mío; mas no sé lo que me sucede, pero cuando oigo el ladrido de un perro, inmediatamente me doy a la fuga”.

Esopo: "El cervatillo y el ciervo"

Los referentes que el espectador pueda tener en su imaginario respecto del contexto donde esta historia tiene lugar son solo circunstanciales. A pesar de que la mayoría de los cronistas concluirán que la última obra de Jerzy Skolimovski es consecuencia directa de una expiación de culpa colectiva surgida al albor de los sucesos acontecidos tras el 11-S, la verdadera batalla que se cuenta en esta película sucede en el interior de una única persona. Las resonancias metafóricas de orden social quedan, entonces, diluidas en relación a la dimensión, casi antropológica, que adquiere el conflicto personal que asola al protagonista (excepcional Vincent Gallo).  Mohammed es como lo llama la sinopsis del film. En los primeros planos de la cinta ya le vemos huyendo, en mitad del desierto (¿afgano?), tratando de encontrar un escondrijo capaz de ocultarlo de los soldados que le acechan. Acorralado, y sin otra opción, se deshace de quienes lo hostigan, de forma violenta,  como un animal (que es justo en lo que se acabará convirtiendo) acorralado en su hura;  su huida posterior, instintiva, presurosa, la intercepta un helicóptero armado del modo que mejor saben hacer los helicópteros armados. El combatiente es retenido, víctima de un aturdimiento invencible, y encerrado en un centro de detención para terroristas; allí es interrogado por oficiales cuya lengua no acierta a entender; torturado en busca de una confesión que tiene más pretensión ejemplificante que exculpadora, y trasladado en avión, su aislamiento es absoluto, a un lugar oculto en la Europa continental. Ya es invierno cuando uno de los camiones que le llevan de un lado a otro, siempre a escondidas, tiene un accidente y se sale de la carretera, dejándole a la intemperie, todavía esposado, en mitad de un paraje inhóspito, con la sola armadura de su mono naranja,  sus pies descalzos, su desorientación (también emocional). Hombres (sin rostro, son sólo uniformes), helicópteros y perros se aprestan a perseguirlo a lo largo y ancho del nevado bosque.   

A Mohammed lo vemos continuamente mediante planos cenitales tomados desde el helicóptero que lo persigue; como ocurre en “Figures in a Landscape” de Joseph Losey (con la que esta película guarda gran relación), el helicóptero se postula como testigo acechante de la huida del protagonista. Sin embargo, aquí no se pretende tanto convertir al helicóptero en un símbolo abstracto de poder (omnipotente) como subrayar la inmensidad (y paradójica belleza) del contexto que acoge a aquél que huye; hasta tal punto es evidente la dilatación del bosque que la huida termina de tornarse quimérica (y eso a pesar de que en su carrera hacia la libertad se sirve de varios medios de locomoción: un coche, un camión, un caballo…). La naturaleza hostil (más aún bajo los pies desnudos de un hombre del desierto); el afán de supervivencia unido a su propia confusión existencial; la presión que ejercen sobre él aquéllos que lo persiguen; la necesidad intrínseca de alimentarse en un medio yermo (sucedía lo mismo en “Van Diemen’s Land” de Jonathan auf der Heide) convierten al hombre (desorientado, confuso, famélico) en un ser salvaje; como tal, acecha, acosa y reduce de forma violenta a todos y cuantos hombres (y perros) se interponen en su camino. Tanto “Figures in a Lanscape” como “Van Diemen’s Land”  son referentes únicamente válidos en cuanto a su premisa de partida y parte de su desarrollo. Lo que distingue (y discrimina) Essential Killing de los dos referentes aludidos es su inequívoca vocación poética. Es ahí donde la cinta de Jerzy Skolimovski encuentra su principal foco de interés. También sus planos más bellos.  

La huida de Mohammed se ve continuamente asediada por insertos extemporáneos. Son secuencias breves e inmensamente líricas (nada que ver, entonces, con los flashbacks de perfil moralizante contenidos en películas menores como “127 horas” de Danny Boyle) que expresan momentos del pasado o del futuro o, simplemente, deseos (que casi siempre coinciden con aquellos instantes en que el sujeto pierde la conciencia). La constante presencia, en su argumento, de jabalís, renos y ciervos extraviados de su manada (no hay que olvidar tampoco la condición simbólica que el ciervo sugiere dentro de la iconografía musulmana) asimilan la condición del huido con la de una bestia perdida en un hábitat del que también es extranjero. Los perros y los hombres lo persiguen en grupo incluso en sueños (en la que es la mejor secuencia de una película trufada de ellas). Mientras, como superviviente, devora hormigas, cortezas de árboles, bayas de color rojo (con efectos psicotrópicos) o leche materna (es su secuencia más efectista) tratando de encontrar su sitio en una realidad que amenaza con exiliarlo para siempre de sus dominios; contra ella responde el protagonista, siempre a la defensiva, esgrimiendo un comportamiento violento, desaforado, instintivo. 

Inmerso en un relato de supervivencia que basa su principal punto de partida en la incomunicación, Mohammed encuentra un único momento de respiro, en una cabaña perdida en mitad del bosque,  en los brazos y abrigo de una sordomuda (Emmanuel Seigner) que ofrece un momento de descanso y recuperación (puede que ilusoria) al guerrero herido (en una situación argumental similar a la que propone Neil Marshall en su incomprendida “Centurión”).  Skolimovski no juzga a su protagonista ni siquiera cuando acompaña, mediante estridencias sonoras, sus acciones más violentas. Se conforma, entonces, con filmarlo en una continua huida hacia ninguna parte (que entendemos también existencial) a través de un ecosistema que es hostil además de insuperable. No hay mejor metáfora contextual posible cuando uno refiere a su propia conciencia.  

Los primeros trabajos de Skolimovski (Polonia, años 60) comparten con alguno de sus coetáneos un particular gusto por la abstracción y el surrealismo, especialmente destacable (y reivindicable) es “La Barrera”, uno de sus mejores trabajos, también el más experimental. Su exilio británico coincide (le ocurre lo mismo a Polanski) con la eclosión del free-cinema: caldo de cultivo ideal para su obra más pretenciosa y fallida,  “Las aventuras de Gerard”; al final de la década de los setenta,  “The Shout (El grito)”, una película de terror que nunca quiere parecerlo,  lo redime en el subconsciente del espectador más inconformista. Hoy día, con la excepción de su penúltimo film, “Cuatros noches con Anna”, su nombre se ha convertido en un anacronismo. “Essential Killing”, sin embargo, devuelve al veterano cineasta a la actualidad, siempre por la puerta grande. No hay más que ver, para comprobarlo, esta película preñada de uniformes manchados de sangre, de paisajes níveos corrompidos por la violencia, de hombres convertidos en bestias antes y después de sentirse perseguidos, de mercenarios que hostigan a sus víctimas como conejos, siempre antes de irse a cenar. Una película tan imperfecta como poderosa, virtuosa y turbadora en el plano visual y auditivo, que vuelve a poner en el candelero cinematográfico la personalidad,  acaso en el olvido en los últimos tiempos, de Jerzy Skolimowski. Solo por eso ya merece la pena. 

J. P. Bango

"Essential Killing" se exhibirá en la primera edición del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona.

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delphine en 04/04/2011

Vincent Gallo es un artista completo :
-musico (con el pintor Basquiat) y su CD "When",
-director de cine "Buffalo 66",
-actor ,"El funeral" de Abel Ferrara (Christopher Walken,Benicio Del Toro,
Isabella Rossellini) ,"Tetro" de Ford Coppola, "Nenette et Boni" de Claire Denis, "Arizona dream" de Kusturica (Johnny Depp,Faye Dunaway), "Basquiat" de Julian Schnabel (Dennis Hopper,Gary Oldman,David Bowie)
etc.

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