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Adrienn Pál

Piroska es una enfermera obesa al borde mismo de la depresión que trabaja en la unidad de cuidados paliativos de un hospital de Budapest; el entorno de la enfermera se encuentra en un creciente estado de descomposición, ya sea debido a su quehacer profesional (casi todos los pacientes a los que cuida terminan por sucumbir al acoso de la muerte) o al afectivo (la relación con su marido se pervierte de rutina, acomodo y decadencia).

Publicado: 08/11/2010

Cuando el nombre de Adrienn Pal, una anciana moribunda, se cruza en el camino de la enfermera, también lo hace el recuerdo epónimo, y hasta entonces extinguido,  de una antigua amiga, con quien compartió (o eso cree recordar) grandes momentos en su infancia. Henchida de curiosidad, así como de un extraño celo, se invita a encontrar siquiera un rastro que le permita estar al corriente del actual paradero de su amiga o, al menos, conocer qué la deparó el destino una vez que sus caminos se separaron. Piroska se ve, de repente, enfrascada en una investigación que, pese a tener un origen caprichoso, terminará revelándose como esencial a la hora de poner en orden no ya los apotegmas que definen (y definirán) su vida,  como su salud, de veras lacerada por la grisácea cotidianidad que la rodea.

Como Don Johnston, el personaje que encarnara Bill Murray en Flores Rotas de Jim Jarmush, la enfermera Piroska vuelve sobre sus pasos, ya en la edad adulta, para reflexionar sobre su pasado y recuerdos; sin embargo, no lo hace tanto con el objeto de idealizar acerca de las posibles vidas que pudo haber tenido y no pudo o no supo conservar (y bien podía hacerlo: en su camino indagador se tropezará con representantes de todos los estratos de la sociedad húngara), como para aprender a enfrentarse, siquiera existencialmente, a su propia realidad una vez culmine dicha búsqueda, momentos antes de que termine devorada por la decadencia. La memoria se transmuta, en esta película de mirada fría y ritmo cadencioso, en una receta contra el dolor y la soledad.

Presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes en el presente año, Adrienn Pal de Agnes Kocsis se nutre de numerosos planos estáticos (alguno de ellos muy elaborados), así como de una fotografía aséptica, funesta, hospitalaria, que apenas si deja asomar un único rayo de luz (y no solo desde una perspectiva alegórica) en la desolada existencia de la protagonista. Los personajes van y vienen, de un lado a otro (y siempre en tren: no en vano, los trenes, omnipresentes, se convierten en protagonistas de la narración, también a niveles metafóricos, especialmente en lo que atañe al marido de Piroska, un inseminador de animales adicto a las maquetas ferroviarias), mientras desempeñan sus quehaceres diarios, con la incomunicación y el paso del tiempo como nostálgicos compañeros de viaje. La presencia de la muerte, otros de los epítomes de los que se alimenta el film, va a formar parte de la cotidianidad de la enfermera, hasta tal punto de condicionar su carácter (ineludiblemente anempático). Agnes Kocsis lo prueba en una de las imágenes que mejor definen visualmente la película, con la enfermera enfrentada a un caterva de cardiogramas monitorizados mientras devora un bizcocho (una situación a la que volverá la directora, ya en el tramo final, para dar buena cuenta de la catarsis que sufre la protagonista una vez da por finalizada su búsqueda: una solución visual que tiene tanto de subrayado metafórico como de herramienta necesaria, toda vez que las limitaciones interpretativas de la protagonista son manifiestamente acusadas).

Describe la directora húngara su película, como una tesis sobre la memoria, expresada aquí en términos de “relatividad, subjetividad” o percepción. En torno a este concepto melancólico y reparador (y más existencial que nunca) articula una historia de afectos insatisfechos y búsquedas personales, con la soledad y la muerte como agrios telones de fondo. Suficientes argumentos, nos parece (a pesar de la duración exagerada que necesita para refutar dicha praxis), para sentarnos frente a una pantalla de cine con el sano objeto de contemplar, en formato celuloso, como la memoria nos va creando caminos, de veras idealizados, sobre los que acomodar emocionalmente nuestras frustraciones.

J. P. Bango

"Adrienn Pál" tendrá su premiere española en la Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Granada - Fantasmagoria 2010. 

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