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'Heli' de Amat Escalante, sangre fría y pulso firme

El tercer trabajo del mexicano, que recibió el premio al mejor director en Cannes, se proyectó en la sección Horizontes Latinos del Zinemaldia.

Publicado: 04/10/2013

Después del soberbio despliegue técnico orquestado por Gerardo Naranjo en 'Miss Bala', o el ejercicio de grandilocuencia obrado por Everardo Gout en 'Días de gracia' (cuya pirotecnia formal trascendía la mera representación para acomodar la crueldad endémica de México en un relato trepidante), Amat Escalante apuesta en 'Heli' por el sosiego y la belleza. Una vía para retomar desde la contención aquello que el debut de Gout parecía sugerir: “cuando se está expuesto al dolor profundo, se tienen dos opciones: o eres engullido por la violencia, o encuentras el camino hacia la gracia”. Así termina abogando por la esperanza como salvación, pese a su estilo descarnado, propicio para las escenas perturbadoras. El director de 'Los bastardos', con sangre fría y pulso firme, se distancia de los cineastas mencionados para encontrar su propio lugar y detenerse a su antojo en los planos abiertos, los largos travellings, la quietud y los pequeños detalles, que, repletos de poesía, comulgan con la sensibilidad que Carlos Reygadas volcaba en 'Luz silenciosa'.

“Un ejercicio de porno-violencia”. 'Heli' no es ni mucho lo que se dijo cuando se estrenó en Cannes. Aunque recibió el premio al mejor director, fue acogida con frialdad y resultó tan controvertida como la filipina 'Kinatay', de Brillante Mendoza, que se enfrentó a problemas similares cuatro años atrás. Haciendo uso de la narración fragmentada con la que Iñárritu auguraba nuevas vías para el cine latino, Escalante, menos frenético pero visualmente impactante, propone un relato intimista que, a golpe de violencia, cobrará sentido según avanza el metraje. Heli, el protagonista de la trama, vive con su mujer, su hijo, su padre y Estela, su hermanita, en una pequeña casa del desértico México rural. Tranquilamente, hasta que su suerte cambia.

Pese a ser casi un adolescente, Heli mantiene a su familia con un sueldo que gana honradamente y se preocupa por la educación y el futuro de Estela, una niña cándida que se verá obligada a perder la inocencia a marchas forzadas cuando su novio, Beto, un aspirante a policía, roba un alijo de cocaína y es descubierto por los cárteles de la droga. A partir de ese momento, el mexicano activa la acción (secuestro, tortura), provocando sensaciones extremas en el espectador. Con pocos diálogos y muchos silencios, la dulzura de la pequeña y su comportamiento inocente e ingenuo (el mismo que traerá trágicas consecuencias) enfatiza el embrutecimiento de los personajes despiadados que pueblan su entorno hostil. Una región en la que, asfixiada por la guerra del narcotráfico, la corrupción institucional, el abuso policial y la escalada de criminalidad, reina la amoralidad y la ley es interpretada libremente por sus ciudadanos.

En cierto sentido, películas como 'Somos lo que hay', de Jorge Michael Grau, o este último 'narco-corrido' de Escalante no permiten hablar de film-tesis, ya que ponen en primer plano la violencia salvaje que azota el país para ejemplificar la pérdida del tejido social, como parte de la cotidianidad, y poner el acento en lo real. También el recurso del sexo deshumanizado, presente ya en 'Sangre', hace acto de presencia. Los paisajes áridos y la fijación por el horizonte, de espíritu fordiano, nos recuerdan que estamos ante un western contemporáneo (una idea que refuerza la estampa de un personaje que, a modo de gracia, vista unas botas de vaquero exageradas y grotescas), que adquiere matices tarantinescos al son de la psicodelia soul de 'Esclavo y amo', del grupo peruano Los Pasteles Verdes. Un tema que, además, anticipa la tragedia con sus resonancias tétricas. De la mano de Lorenzo Hagerman, una fotografía cruda, monocroma y pictórica, que aporta delicadeza al horror y subraya la austeridad propia de Bresson, incluso cuando se detiene en esas panorámicas que tanto recuerdan al (pen)último Bruno Dumont.

María José López

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